No quiero escribir en base a recuerdos/
a olores de inciensos que se fueron/
a besos marchitos como hojas/
Pero si escribo sobre el hoy/
tendría que ser con tinta invisible/
pues la nada envuelve mis días/
de robot vestido de bostezos.
¿Oyó alguna vez hablar de gente que habla sola? sii, el típico loquito o loquita que va por la calle, hablando con el viento y enrollándose un mechón de pelo. Ahora a su alcance, aquí en la red. Entre ya! y entérese de todas esas cosas que no le interesan a nadie...
que lindo juego, pero sucede que no quiero jugar.
me voy por mi lado, trepo a un arbol, corro por caminos llenos de tierra, canto canciones.
grito freedoooom, no necesito pintar mi cara de azul con blanco.
hay mucha gente aburrida y que se quedó pegada, se quedó pegada, se quedó.
pero a ese juego yo no juego ya.
¿por qué lo amé tanto en tan poco tiempo?
porque era igual de pajero que yo.
disfrutamos tanto esos momentos, tirados en el suelo, mirando el techo, hablando lentamente, mientras el humo del cigarro se elevaba, huyendo de las garras de su gato negro y tiñoso!
Rectifico, disfruté tanto esos momentos... no puedo hablar por él, sería bastante soberbia si creyera que pude vislumbrar sus sentimientos... solo puedo volver a la maravillosa conclusión de que la paja nos unió, por un ratito en que los bostezos se fundieron con los besos.
- y que hacemos?
- qué quieres hacer tú?
- nada... y tú?
- yo tengo sueño.
- durmamos un ratito.
- Bueeenooo...
(...)
(...)
- oye...
- mmsi?
- ...te puedo abrazar?
- sí.
caigo en desesperación, me siento tan pequeña e invisible y quisiera que alguien me viera.
caigo en contradicción, siento que no quiero que nadie me vea porque me puede aplastar.
mejor sigo caminando en silencio hacia el hormiguero, tibiecito, donde unos cristales de azúcar me harán olvidar, por un rato, las penas.
El libro que liberé ayer:
Bola de Sebo y Otros cuentos,
de Guy de Maupassant.
El libro que me prestaron y leí acá en el laburo:
No habrá más penas ni olvido,
de Osvaldo Soriano
El cuento que recibí esta mañana por e- mail:
Fin de Semana Largo,
de Pablo Vásquez
Lo que me compré con lo que quedó de aguinaldo:
Artefactos,
de Nicanor Parra
Si la literatura es tan pródiga...
¿por qué a mi no me da la pasá pa' escribir algo decente?
o incluso, algo indecente...
tengo la frustración triste y rabiosa del no decir nada!
Los hombres de antes usaban bigotitos bien recortados.
las mujeres de antes no tenían sexo en los balcones.
así fue como no nos conocimos, mr. poeta;
yo estaba con un lolito con nombre de ídem.
ésa fue la única poesía que aportó a mi vida,
aparte de unos mágicos polvos, antes de desaparecer...
tragado por mi desazón y mi desesperanza.
Y ahí estabas tú, a las 4 y media de la madrugada.
Discretamente convidándonos un par de cigarrillos.
Luego, un día, leí algún poema tuyo,
lleno de mariposas negras,
que me abofetearon el rostro;
y me dí cuenta de que estaba desgarrándome,
puro hueveando.
pd: él se vanagloriaba de su nombre tan poético, pero por teléfono, el galán de quinta de recreo ni siquiera me preguntó como yo estaba.